La radio que veremos hoy no es la más glamorosa, aunque para mí tiene un lugar especial, ya que es el aparato con el que hice mis primeras experiencias en el mundo de la restauración. Por lo tanto, es un compendio de errores y aciertos.
A diferencia de lo que algunos puedan pensar, no se trató de una improvisación o de una experimentación «para ver qué salía»; tenía en claro cuál era el objetivo, a dónde quería llegar, cómo quería que quedara y de qué recursos debía hacerme para arribar a buen puerto. Por supuesto, los resultados, aunque fueron lo máximo que yo pude dar, no son para nada espectaculares.
Esta nota trata de eso: de plantear objetivos, medios, recursos y tiempos para restaurar una radio y, al final, «calibrar» expectativas. Seguramente, la experiencia es aplicable también a otras restauraciones, así que no se limite solo a las radios.
Descargo de responsabilidad: Acepto que cada uno puede tener «su librito» y no seré yo quien lo juzgue. Puedo aceptar diferencias de criterios, de métodos, inclusive de orden y hasta de presupuestos; pero, al final, el resultado es lo que importa y hay ciertos límites mínimos que, al menos para mí, deberíamos superar en cualquier restauración.
Antes de este proyecto, había armado algunas radios, inclusive varios amplificadores de audio y circuitos variados. Evidentemente, no es lo mismo hacer algo desde cero, como lo venía haciendo, que realizar una restauración. Aquí la creatividad la puso el fabricante; uno debe limitarse a entender lo que quiso hacer y, en todo caso, replicarlo de la forma más fidedigna posible. En el camino he cometido algunos errores, algunas cosas son mejorables, otras no tenían sentido y, obviamente, hubo varios aciertos. Todo es aprendizaje.
El recurso más valioso: el tiempo
El primer recurso, el más importante e insustituible con el que debemos contar, es el tiempo. Parece una trivialidad, pero la mayoría de los proyectos fallidos son consecuencia de un mal cálculo del tiempo demandado y, por lo tanto, se frustra su terminación o su calidad. Por supuesto, la evaluación precisa de esto se resume en una sola palabra: experiencia, la que, paradójicamente, se logra con… tiempo.
Pero ojo, lo opuesto no siempre es cierto: no por mucho tiempo que le dediquemos los resultados serán buenos. Se trata de una condición necesaria, pero no suficiente.
A modo de ejemplo, les puedo decir cuánto tiempo me lleva un trabajo concreto. En mi caso, lo que más tiempo me suele demandar es la restauración exterior: lijar, reparar la madera, laquear y lustrar es un trabajo que puedo medir en días; mientras que, por otro lado, poner la electrónica a punto es algo que puedo resolver, en general, en cuestión de horas. Como se dará cuenta, esto es muy personal y depende de las habilidades y conocimientos de cada uno.
Para arrojar un poco de luz al tema, diré que: si nuestra restauración se limita solo a lo electrónico, podemos estar seguros de que se trata de algo rápido (quizás cambiar algunos componentes y no mucho más). En el otro extremo, tendremos una restauración en la que le dedicaremos varios días al exterior, a buscar partes faltantes originales, a restaurar el dial, a dejar su chasis libre de todo óxido y, por supuesto, a devolverle a la electrónica sus prestaciones originales usando solo componentes de la época. Esto, sin duda, elevará la cuenta de horas y dinero necesarios.
El hallazgo de la Delvox
La radio Delvox que comenzaremos a restaurar en este momento me la vendieron como «en buen estado» y, por lo tanto, «en funcionamiento». La realidad es que desde ese día aprendí que, salvo que el aparato provenga de un restaurador o coleccionista de reconocida reputación, todo lo demás debe considerarse bajo sospecha o en condición dudosa.
Efectivamente, al conectarla a la red, la radio «funcionaba»… o más bien, encendía. Acto seguido, el vendedor remató la operación con la frase: «Tiene detalles, pero es por los años», como asumiendo que todo lo que tenga esa edad debe tener «detalles». Maderas desencoladas, enchapado levantado y faltante, laca quemada (donde quedaba), no había dos perillas iguales, serigrafía del dial saltada, recepción totalmente decepcionante y la falta de la tapa trasera… esos eran los «detalles» más obvios.


Sin embargo, lejos de decepcionarme, asumí que se trataba de un reto que ponía a prueba mis habilidades y que requería adquirir nuevas: la perfecta oportunidad para ganar experiencia con una radio de baja monta.
Manos a la obra: el gabinete exterior
Por lo general, suelo comenzar cualquier restauración por lo exterior: su gabinete. Hay quienes prefieren lo contrario, comenzar por la electrónica. Es una decisión personal; hay motivos tanto para una opción como para la otra, así que siéntase libre en ese sentido.
Hasta ese momento, había hecho algún que otro pequeño trabajo de carpintería, pero, en honor a la verdad, aunque me gusta mucho esa actividad, no soy experto. Tengo que reconocer que un verdadero carpintero es mucho más preciso y detallista que yo.
Decapar y desencolar las maderas no resultó especialmente difícil, ya que la radio con solo mirarla fuerte se desarmaba (pero esto no siempre es así). Tómese su tiempo para desarmar con cuidado de no romper nada y, si tiene dudas, vaya sacando fotos para después poder armar todo de la misma forma.
Para el enchapado hay al menos un par de posibilidades. Por un lado, las láminas (chapas) de madera cruda, en las que uno puede elegir el tipo de madera y, de acuerdo con ello, determinar el color, el poro, el ancho y la veta del acabado. Por el otro, un tipo un poco más industrializado: una lámina que viene en rollos, de ancho fijo y con menos variedad de maderas, pero que ya cuenta con un pegamento en uno de sus lados que se activa con calor.
Aquí nuevamente la elección pasa por un tema de gustos. Personalmente, prefiero el primer método, ya que es el mismo que se usaba en la antigüedad, aunque requiere más habilidad para un pegado exitoso (se usa cemento de contacto). Los resultados pueden ser similares si se trabaja bien, aunque si se usa el segundo método es probable que se note un poco más «artificial».



Para finalizar los trabajos de carpintería necesitaremos, encolado mediante, dar una buena pasada de lija en varias etapas, desde la más gruesa a la más fina. Al tacto debe quedar suave para poder avanzar al paso de la pintura.
El error del barniz
Hasta aquí, pese a mis limitaciones, el avance fue satisfactorio, lo que me hizo pensar que la pintura era una cuestión de niños. Sospecho que minimizar el trabajo de pintura no es un error solo mío. Realmente, en este punto hay un abanico de posibilidades mucho más grande de lo que la mayoría de la gente supone. Va desde lo más simple, como un acabado con barniz sintético normal (como el que podemos usar en casa), hasta lacas nitrocelulósicas y lustres manuales con goma laca, como se hacía hace 70 años. Definitivamente, los resultados son igualmente diversos.
Este es el primer trabajo en esta radio del que me arrepiento. Hasta ese momento, pensé que todo en la vida era barniz sintético. Bueno, no voy a dar muchas vueltas al tema, pero basta con mirar las fotos para ver que el resultado, si bien puede ser aceptable para cualquier persona, nada tiene que ver con el acabado de una radio antigua. Concretamente: quedó horrible y no lo recomiendo para nada.



La respuesta corta a todo esto es simple: los barnices actuales están formulados para facilitar su aplicación y dar un brillo extremo, todo de forma rápida y simple. El resultado es un acabado completamente artificial. Por otro lado, las lacas antiguas no eran tan amigables; requerían mayores habilidades, y quien las tenía lograba resultados mucho más armónicos, agradables y cálidos con la madera.
Esto me convenció de buscar, para futuras restauraciones, la ayuda de un buen amigo: un carpintero de años que me enseñó a laquear con goma laca a la muñeca y, así, lograr algo de lo que me pueda sentir orgulloso.
Resumiendo: desestime cualquier impulso por aplicar barniz sintético o alguna laca ultradura como las que se usan para los pisos de madera. Esos productos son increíblemente buenos para lo que fueron concebidos, pero no para una restauración de una radio de 70 años. En su lugar, intente con laca nitrocelulósica (si la consigue) o, mejor aún, con goma laca.
Pero si ya es un error usar barniz sintético, peor es usarlo tonalizado (yo hice ambas cosas). En esto soy intransigente: la experiencia me demostró que es preferible teñir la madera con una muñeca y tinta al tono deseado, y luego aplicar la laca de color natural sobre ella. El resultado es infinitamente mejor.
Los detalles finales: tela, perillas y dial
Continuando por el exterior, nos encontramos con algo que frecuentemente habrá que restaurar porque el paso del tiempo ha hecho mella: la tela del parlante. Aquí, si la misma está sana y sin roturas, podemos intentar sacarla con mucho cariño y darle un lavado con productos delicados; tengamos en cuenta que luego seguramente se encogerá.
Sin embargo, la mayoría de las veces la fortuna no es tan bondadosa y estaremos obligados a reemplazarla. En este punto he visto las aberraciones más grandes. La tela, que casi con seguridad no será igual a la original, tendrá que ser lo más parecida posible, tanto en los materiales como en el tejido y el color. Esto le insumirá recorrer varias tiendas hasta encontrar algo que sea digno. Un recurso que puede usar es apelar al teñido si el color no es el correcto. Si está leyendo esto, asumo que usted tiene un sentido de la estética medianamente coherente y entiende que poner una tela azul con dibujos de estrellas no es una opción válida.
Para finalizar el exterior, nos quedan las perillas y el dial. Por alguna extraña razón, las radios nunca tienen sus perillas completas u originales. Aquí no hay mucho para hacer, a menos que se tenga una colección paralela y personal de repuestos. En algunos casos de radios de marcas reconocidas es posible comprarlas, sobre todo si usted está dispuesto a importarlas desde EE. UU.
Pero en esta radio particular, al menos dos perillas eran las originales, por lo que decidí recurrir a un amigo que hace artesanías en resina para que, usando una de ellas como modelo, me fabricara unas nuevas. El resultado fue muy bueno y aceptable desde lo estético. En otras oportunidades también he recurrido a un tornero para hacerlas de madera. Todo esto no es económico ni rápido, y además implica dar con la persona correcta para el trabajo, pero hay radios que lo valen.

En cuanto al dial, es muy frecuente encontrarnos con que está muy deteriorado; la pintura usada para la serigrafía se salta con el tiempo y da un aspecto muy feo. Hay varias técnicas para mejorar esto; sin embargo, yo prefiero repetir el proceso con el que fue creado originalmente: mediante serigrafía.
Para ello, es necesario obtener una imagen del dial en el estado en que se encuentra y, mediante un software de diseño gráfico como Photoshop, ir completando las partes faltantes y recuperando (con bastante trabajo) el diseño original. Luego, se arman máscaras para los distintos colores y se recurre a algún taller gráfico donde hagan serigrafía para que lo impriman en el vidrio de la radio. Este proceso es caro y muy trabajoso, por lo que se justifica solo si la radio tiene un valor importante. Obviamente, es la mejor forma de hacer diales en serie, por eso fue el método utilizado en su fabricación.


La electrónica: reviviendo el chasis
Bueno, en este punto tendremos una radio cuyo exterior ha sido reconstruido, y eso ya debería motivarnos para emprender la segunda etapa: la reconstrucción electrónica. Y si bien todo lo anterior fue laborioso, son tareas que no revisten ningún riesgo más allá de arruinar la Atwater Kent del abuelo. Lo que sigue implica ciertos conocimientos mínimos de electrónica y, sobre todo, de seguridad eléctrica, por lo que, si carece de ellos, le sugiero dedicarle la atención que se merece o recurrir a un técnico amigo.
Antes de comenzar a desarmar el chasis para su inevitable limpieza, dediquemos unos minutos (y quizás alguna fotografía) a analizar las válvulas que se usan, la disposición de las mismas, buscar daños evidentes y quizás, con algo de suerte, algún número o dato que nos permita obtener un esquema al menos aproximado.
Para la limpieza, recomiendo sacar las válvulas (es buena idea marcarlas con un marcador indeleble) y, mediante un pincel suave y una aspiradora, eliminar el polvo y la suciedad más grande. Luego deberemos pasar a la limpieza profunda, para lo que podemos usar, con reservas, WD-40 y un cepillo de dientes. Al final, deberemos secar y limpiar bien todos los excesos. Esto le dará también una capa protectora contra la corrosión al chasis. A propósito, si la corrosión es elevada y generalizada el trabajo se complica, ya que deberemos considerar la posibilidad de desmontar todo el circuito; esto ya son palabras mayores.
Para los zócalos de las válvulas recomiendo usar limpiacontactos; el WD-40, si bien es un buen protector contra la oxidación, no es adecuado como limpiador de contactos.

Este es el momento en el que todos estaremos ansiosos por probar el circuito, y está bien, pero tomemos algunas precauciones antes, como conectarlo a través del transformador de aislamiento de [esta nota] que nos ayudará a no correr peligro. No abusemos: hagamos una prueba corta centrando nuestra atención en buscar fuentes de calor anómalas, humo, chispazos o ruidos extraños. Si todo parece bien, intentémoslo unos minutos más hasta ir ganando confianza de a poco; si algo no está bien, paremos y solucionémoslo antes de seguir.
Misterios del circuito: la válvula intrusa
En la Delvox, indudablemente, las reparaciones anteriores no fueron de lo más pulcras. Lo primero que me llamó la atención fue la enorme válvula que había en la salida de audio: una 6L6. La 6L6 es un excelente pentodo de audio de potencia que difícilmente encontraremos en la salida de una radio de mesa, ya que su potencia está pensada para amplificadores más grandes. Indudablemente, en algún momento la válvula de salida fue sustituida por esta que, aunque parezca sorprendente, funciona sin aparente problema.
Mirando la serie de válvulas, me queda claro que la correcta en esta ubicación es una 6F6, mucho más económica y contemporánea con el resto. Aquí cabe una mención especial en lo que respecta a la sustitución de válvulas: muchas veces he escuchado la frase «válvula equivalente» o «que son lo mismo». Bueno, no hay dos válvulas iguales, y «equivalente» no significa que sean idénticas. En caso de no tener la válvula correcta, habrá que analizar el circuito, las tensiones, las impedancias de carga, etc., y sopesar qué consecuencias implica poner un sustituto. No siempre esto es posible sin resignar algo. En lo personal, soy partidario de usar lo correcto, aunque ello implique más tiempo, dinero o trabajo.
Resumiendo: Que un circuito funcione no significa que esté bien; puede haber sido reparado y quedar operativo, pero con un funcionamiento que no concuerda con las especificaciones originales, lo que por tanto puede ser una fuente de problemas y afectar la confiabilidad. Las válvulas son tan nobles que se adaptan a un mal uso a costa de sacrificar vida útil.
Con el chasis limpio y las válvulas normalizadas, volvemos a probar. Ahora es cuando uno empieza a notar detalles que no salían antes. El capacitor de la fuente, el electrolítico más grande y voluminoso de la radio, no goza de buena salud. Esto se manifiesta con el típico zumbido de 50 Hz en el parlante, muy molesto, por cierto.
Aquí no hay medias tintas: se sustituye. Si quiere trabajar poco, basta con colocar un par de capacitores de entre 10 uF y 22 uF por 450 V debajo del chasis, dejando el dañado colocado para que por arriba todo se vea igual. Si usted es más purista, puede sacar el capacitor viejo, vaciarlo y colocar dentro los nuevos (por lo general son mucho más chicos y esto es posible); de esta forma, el resultado estético será mucho mejor. Funcionalmente es lo mismo. Yo no tengo una postura rígida en ello: en esta radio opté por lo primero, pero en otras de mayor valor he ido por lo segundo.

Y para finalizar, en varias notas anteriores hemos hablado, casi hasta el cansancio, sobre el reemplazo de los capacitores, así que no voy a redundar en ello. Tampoco voy a profundizar ahora sobre la reparación electrónica ni su posterior calibración, ya que hay notas específicas para eso, por lo que los invito a leerlas si les resulta interesante el tema y así completar la reparación.




Conclusiones
Para todo en la vida hay una primera vez y cada uno tendrá su forma de encarar la situación. Todo lo escrito hasta aquí son solo sugerencias; por supuesto que algunas tienen más valor o son más importantes que otras, pero al final será usted quien decida qué tomar y qué dejar.
Del mismo modo, yo no soy el gurú de la restauración de radios; internet está lleno de gente muy buena en esto que son acreedoras de mis respetos, por lo que mi mayor alegría sería haber sido el puntapié inicial para que se inicie en esta pasión y siga su camino en busca de la perfección con gente que sabe más que yo.
Por otro lado, recuerde que «si se quiere llegar rápido se camina solo, pero si se quiere llegar lejos se necesita caminar acompañado». Por lo tanto, compartir su conocimiento es la mejor forma de llegar lejos, así que los espero en el foro.
Esta radio, la Delvox, ni siquiera tiene una marca reconocida; es probable que se trate de algo genérico que no fue más que la idea febril de algún entusiasta con aire emprendedor en el pasado, pero resultó ser la práctica ideal para poner a prueba habilidades, cometer errores y disfrutar el placer de haber restaurado algo uno mismo. Pienso que es una excelente forma de aprender de manera autodidacta.
Y pese a que no he tenido las mejores palabras para la Delvox, no sería justo si no dijera que su funcionamiento es impecable. Una vez solucionados todos los problemas, puedo decir que es una de las radios que mejor sonido y recepción tiene; ni qué hablar de su confiabilidad, simple y robusta. Por lo que no hace falta gastar una millonada en costosas radios de marca para disfrutar de una tarde de domingo, bajo el tenue sol del invierno, mate de por medio escuchando un partido de River en la Libertadores.







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Enlaces de interés:
Aprenda a reparar una radio en 15 minutos
Nota de reemplazo de capacitores
Nota de procedimiento de calibración
