Hoy damos por sentado que el teléfono se conecta al auto, a los auriculares o al parlante en un segundo. Sin embargo, la historia de cómo surgió el Bluetooth es una mezcla genial de necesidad tecnológica, colaboración entre gigantes rivales y hasta un toque de historia vikinga.
En los años 90, cuando la tecnología celular comenzó a explotar, los ingenieros de Ericsson se dieron a la tarea de encontrar una forma de conectar periféricos a una computadora de manera universal e inalámbrica. Hasta ese momento existía un cable para cada cosa y, para colmo, cada marca lo hacía a su manera. Enseguida se percataron de que, si querían triunfar, el sistema debía ir más allá de los teléfonos de Ericsson; por eso se unieron a compañías rivales como Intel, IBM, Nokia y Toshiba para compartir la tecnología y convertirla en un estándar de la industria.
Adoptaron la frecuencia de 2,4 GHz, perteneciente a la banda ISM (Industrial, Scientific and Medical), libre a nivel mundial. Esto les permitió ahorrar costosas licencias y autorizaciones, manteniendo siempre la potencia radiada en niveles muy bajos para asegurar no más de 10 metros de alcance y un consumo de energía mínimo.
El nombre deriva del rey Harald Gormsson, apodado Harald Blåtand (traducido al inglés como Harald Bluetooth y al español como Harald Diente Azul), quien pasó a la historia por unificar a las tribus noruegas y danesas bajo una sola corona.
A principios de los años 2000, cuando se lanzó al mercado, era una tecnología lenta, costosa y con bastantes problemas de interferencia con el Wi-Fi (que utiliza la misma frecuencia). Sin embargo, con los años evolucionó drásticamente. Para 2010 llegó Bluetooth 4.0, que dio un salto gigante al incorporar el modo de baja energía (Low Energy), permitiendo su integración en miles de pequeños dispositivos. En la actualidad vamos por la versión 5.x, perfeccionando aún más sus aspectos críticos.
Diferencias entre Bluetooth 4.0 y 5.0 en audio
Para la transmisión de audio clásica (música en estéreo), ambas versiones suelen depender del perfil A2DP (Advanced Audio Distribution Profile). Sin embargo, el hardware y la estabilidad general de la transmisión mejoraron de forma drástica con el salto generacional:
- Velocidad de transmisión y ancho de banda: Bluetooth 5.0 ofrece el doble de velocidad de transmisión de datos (2 Mbps frente a 1 Mbps de Bluetooth 4.0/4.2). Esto permite un flujo de datos más holgado, lo que se traduce en un audio más fluido, estable y con menor compresión.
- Latencia reducida: El incremento en la velocidad de transferencia reduce el retardo (lag) entre el emisor y el receptor. Con un módulo Bluetooth 5.0, el desfasaje de audio al reproducir videos disminuye notablemente en comparación con un chip 4.0.
- Mayor alcance de señal: Bluetooth 5.0 quintuplica la distancia teórica respecto a las versiones 4.x. En entornos interiores, esto significa una mayor resistencia a paredes u obstáculos y menos microcortes si te mueves con el celular por la casa.
- Inmunidad a interferencias: La versión 5.0 incorpora una gestión mejorada de los canales de frecuencia para mitigar las interferencias causadas por redes Wi-Fi de 2,4 GHz y señales de telefonía móvil.
Resumiendo: ¿Qué versión conviene para streaming de audio?
Si bien está claro que la versión 5.0 es superior a la 4.0 por los motivos mencionados, la diferencia de precio y la disponibilidad de módulos hacen que valga la pena preguntarnos cuál conviene realmente. En la ecuación debemos considerar cuál será nuestra fuente de audio.
Si partimos de la base de que reproduciremos archivos MP3 o streaming de Spotify (cuyo bitrate no supera los 320 kbps en el mejor de los casos), resulta innecesario exigir Bluetooth 5.0, ya que la calidad de la fuente está por debajo del límite de transmisión del estándar 4.0. Si, por el contrario, buscamos transmitir audio con calidad CD y contamos con un amplificador y bafles de alta fidelidad, recién allí se justificaría el salto a la versión 5.0.
En nuestro caso, al hablar de dotar de Bluetooth a una vieja radio (quizás a válvulas o transistores, definitivamente monofónica y cuya referencia de calidad es el sonido demodulado de una transmisión de AM o FM), cualquier receptor Bluetooth 4.0 de mediana calidad cumplirá la tarea a la perfección.
Perfecto, ¿cuál compro?
La pregunta, de apariencia trivial, tiene sus aristas. Aunque ya nos decidimos por un receptor BT 4.0, una rápida búsqueda en plataformas de compra (Mercado Libre, AliExpress, etc.) nos muestra una variedad enorme de módulos, desde los más simples hasta los más elaborados.
El punto de partida para elegir será dónde vamos a colocar dicho módulo:
- Módulo interno: Diseñado para montarse dentro de la radio, utilizando la propia fuente de alimentación del equipo. Requiere contar con espacio físico interior (típicamente radios a transistores; este será mi caso).
- Módulo externo: Incluye conectores de salida de audio y un puerto USB o ficha de alimentación desde una fuente externa. Es la opción preferida para radios valvulares, donde no contamos con las tensiones adecuadas ni la seguridad necesaria para intervenir el interior. Además, este tipo de montaje permite usar el módulo en varios equipos.


Manos a la obra: lo que el fabricante dice
En mi caso, voy a “actualizar” la icónica radio capilla que armé previamente (dejo el enlace al final). Es el proyecto ideal, ya que contaba con una entrada de línea de audio, por lo que el trabajo para incorporar el Bluetooth es mínimo.
El módulo adquirido está basado en un chip OEM (EHSB14CDB), del cual el fabricante no suministra hoja de datos (datasheet). Sin embargo, podemos inferir varios detalles: es de lo más básico y económico del mercado, por lo que seremos cautos con las exigencias. Además del módulo, necesitaremos unos pocos componentes adicionales: un regulador de tensión, un par de resistencias y algunos capacitores.


Por supuesto, comencé con el montaje que sugiere el vendedor. De forma un poco desprolija, pero como para hacer una prueba, conecté tanto el regulador 7805 como las resistencias y el capacitor.
En este montaje no utilicé ni la función Mute ni el LED de estado, pero eso queda a criterio de cada constructor.
Apenas comencé a probar, lo primero que llamó mi atención fue el ruido de fondo, sobre todo durante el proceso de emparejamiento. Para solucionarlo probé distintos enfoques:
- Mejorar el filtrado de la fuente: Coloqué un pequeño choque e inductores/capacitores en serie con la alimentación. Resultado: ninguna mejora apreciable.
- Buscar el punto óptimo de masa (GND): Por acá venían los tiros. Probar la conexión a masa en distintos puntos del circuito (fuente, etapa amplificadora, etc.) fue lo que dio mejor resultado para reducir el zumbido.
- Alimentación independiente: Es la solución definitiva respecto al ruido, pero, en principio, la descarté por ser impráctica para el montaje interno elegido. En un montaje externo, al usar una fuente separada, este problema desaparece por completo.




El montaje final no quedó del todo estético —reconozco que podría haber diseñado una placa PCB dedicada en lugar de soldar “en el aire”—, pero la idea era lograr un proyecto rápido y funcional.
Para quienes no se animen a intervenir el circuito interno de la radio, les recomiendo optar por el montaje externo. En este caso necesitaremos que nuestra radio disponga de entrada de Phono, muy común en las radios valvulares. Si no la tiene, podremos generarla conectando una ficha hembra de audio (la que mejor les parezca: plug, RCA u otra) entre los extremos del potenciómetro de volumen. Esto por lo general funciona; sin embargo, debemos observar un poco el esquema, ya que en algunas radios —en particular las más viejas— el volumen no estaba en la primera etapa de audio.

Por mi salud mental: la solución definitiva
Aunque lo anterior fue perfectamente funcional, la verdad es que me quitaban el sueño un par de temas:
- Por un lado, si bien el ruido había bajado notoriamente, durante el emparejamiento aparecía de fondo un sonido similar al de un viejo módem dial-up.
- Por otro lado, el montaje, con sus componentes en el aire, era algo de lo que no me sentía orgulloso. Sin duda se podía y se debía mejorar.
Por lo tanto, luego de varios días usando la radio en esas condiciones y diciéndome a mí mismo que debería hacerlo mejor, me puse a crear la versión definitiva.
El tema de los ruidos no lo iba a solucionar mientras no intentara implementar una fuente de alimentación independiente para el módulo. Colocar una fuente de 220V/5V exclusiva, si bien es una posibilidad porque en el mercado hay opciones muy buenas y pequeñas, me parecía un despropósito. Sin embargo, el mundo de la miniaturización nos ha dado algo excelente que resuelve este problema de raíz: colocar un conversor o fuente DC/DC encapsulado, como los de la serie B1205S. Los hay de varias tensiones de entrada y salida, así que cada uno puede adaptar el suyo a la tensión que necesite. Posee protección contra cortocircuitos y entrega (en la versión elegida) hasta 200 mA. Por costo, eficiencia, seguridad y resultados, es la solución ideal. Su hoja de datos se puede descargar de internet.

Con esta solución tenía resuelto el tema de los ruidos definitivamente. Sin embargo, el montaje era algo en lo que había que trabajar para dejarlo a la altura y poder conciliar el sueño. Decidí, por tanto, crear una PCB a modo de placa madre en la que pudiera montar todos los componentes de forma confiable. Los resultados están a la vista.








Ahora sí, con este montaje puedo decir que el circuito funciona como corresponde y que el trabajo es de calidad.
Conclusiones
Evidentemente, la radio tradicional de AM es una tecnología en transición. En países como Argentina aún contamos con potentes emisoras, aunque comienzan a enfrentar desafíos de rentabilidad. Las audiencias más jóvenes suelen volcarse a plataformas de streaming como Spotify o YouTube. Esto no es ni bueno ni malo: la tecnología avanza y no podemos detenerla. En todo caso, la discusión entra más en el plano filosófico que en el técnico.
Con la FM la historia es diferente. Mirando el mercado local, si bien el auge de la banda se dio entre los 80 y los 90 —con el nacimiento masivo de emisoras—, hoy existe un escenario más estable donde las estaciones vigentes logran operar con márgenes sostenibles. La gente sigue escuchando FM, por lo que le vaticino varios años más de vida a la banda.
Sin embargo, este cambio de hábitos provoca que muchas de nuestras radios queden relegadas como objetos de museo de poca utilidad práctica. Por eso me pareció una excelente idea darles una segunda oportunidad mediante el agregado de un receptor Bluetooth.
La complejidad del montaje es mínima: cualquier aficionado con un soldador y conceptos básicos de electrónica podrá completar el proyecto con éxito. Solo se trata de elegir el módulo adecuado sin complicarse de más: no hace falta buscar el “módulo Bluetooth de la NASA”; el más sencillo cumplirá holgadamente la tarea.
En cuanto a la calidad de sonido —ingresando en un terreno más subjetivo—, diría que es aceptable. Más allá de este módulo o montaje en particular, en general percibo que el audio vía Bluetooth suele ser algo frío, falto de color y con menor riqueza de detalles. Pero claro, es una apreciación personal.
Como habrán notado en la nota, podría haber ido directo al montaje final y evitar la primera parte con el regulador 7805. Sin embargo, me pareció interesante contar toda la historia, ya que no siempre lo que uno piensa e intenta inicialmente es lo que finalmente resulta. Evidentemente, el montaje sugerido por el fabricante, aunque funciona, tiene falencias, sobre todo en lo que se refiere a ruidos. Y aunque quizás a alguien le pueda funcionar satisfactoriamente ese diseño, tanto por resultados como por costos y terminaciones, mi sugerencia es ir por el montaje final con el conversor DC/DC; se ahorrarán unos cuantos dolores de cabeza.
A propósito, si quieren llevar a cabo el proyecto y les parece buena idea usar una de mis PCB, no tienen más que ponerse en contacto conmigo, que con gusto les haré llegar una.





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