Kenwood es una de esas marcas con un “pedigrí” fascinante que ha sabido reinventarse varias veces. Para muchos audiófilos, hablar de Kenwood es evocar la época dorada del audio HI-FI japonés de los 70 y 80, aunque hoy su fuerte sea el sonido para autos.
La empresa nació en Japón en 1946 como Kasuga Radio Co., pero durante décadas se le conoció mundialmente como Trio. Kenwood fue una marca creada en los 60 específicamente para el mercado estadounidense porque sonaba más “robusta” y “occidental”. Sin embargo, fue tan exitosa que la corporación terminó adoptando el nombre globalmente en 1986.
Actualmente son parte de JVCKENWOOD, tras unirse con JVC en 2008.
Kenwood es famosa por su ingeniería en radiofrecuencia (hacen de las mejores radios, transceptores, para radioaficionados del mundo y las he probado de primera mano), y esa precisión la trasladaron al audio hogareño.
El Kenwood TS-440S es una leyenda en el mundo de los radioaficionados. Lanzado a mediados de los 80, fue el equipo que “democratizó” el alto rendimiento en HF (Alta Frecuencia) por su tamaño compacto y su facilidad de uso.

Pero entremos en el terreno donde Kenwood realmente se ganó su reputación. En los años 70, la radio FM era la fuente de música de alta fidelidad por excelencia, y los sintonizadores eran piezas de ingeniería de precisión, casi quirúrgica, como ya hemos visto en el caso del Mitsubishi DA-F20. Pero Kenwood no solo hacía sintonizadores; los dominaba. De hecho, muchas de sus innovaciones se convirtieron en estándares de la industria.
A diferencia de otras marcas que se enfocaban solo en la potencia de los amplificadores, Kenwood tenía una división de radiofrecuencia (RF) muy avanzada. Su objetivo era eliminar la interferencia y el ruido sin perder la calidad del audio. Introdujo conceptos que hoy damos por sentados, pero que en ese entonces eran “ciencia ficción” como:
- Filtros de Fase Lineal: Evitaban que el sonido se deformara al pasar por los circuitos de radio. Esto hacía que la separación entre el canal izquierdo y derecho (estéreo) fuera perfecta.
- Doble IF (Frecuencia Intermedia): Permitía elegir entre dos modos: “Wide” (para máxima calidad de sonido si la estación estaba cerca) y “Narrow” (para “limpiar” la señal si la estación estaba lejos o rodeada de interferencias).
- Vúmetros de señal y sintonía: Los Kenwood de los 70 traían medidores de aguja muy precisos que te indicaban no solo la potencia de la señal, sino el punto exacto donde la distorsión era mínima.
Las joyas de la corona son el 600T, considerado por muchos como uno de los 5 mejores sintonizadores de la historia, una bestia analógica con una escala de dial enorme y una precisión que asusta; el KT-917, sucesor del 600T, famoso por su sistema de “Detección de Pulso”, una tecnología que permitía una distorsión casi inexistente. ¡Pesa casi 15 kilos! Y, el KT-8300, es elegante, tiene una recepción increíble y unos vúmetros de aguja que son hipnóticos en la oscuridad.

Pero, en esta oportunidad tengo en mis manos una pequeña joya que abrió el camino a las ya mencionadas, gentileza de alguien de quien ya comenté con el Mitsubishi DA-F20, Daniel Alegre, el Kenwood KT-1000 o también conocido como TRIO KT-1000 en su versión “early” de 1968, ya que posteriormente hubo al menos dos equipos más (en los 70 y los 80) con la denominación KT-1000.
Este es el equipo que puso a Kenwood en el radar de los audiófilos frente a los gigantes norteamericanos de la época y era el complemento exacto para ser usado con el amplificador Kenwood KA-2000.


El KT-1000 es tanto el principio como el fin de algunas tecnologías, lo esperable durante la década de los 60s. Por supuesto, ya no se usan válvulas aquí, pero todo su diseño evoca reminiscencias de ellas. Aquí no hay nada ni por asomo digital, absolutamente todo es analógico. No hay LEDs, todas son pequeñas lámparas incandescentes, y que, pese a todo pronóstico e ideas que nos han vendido, aun con más de 50 años de uso siguen iluminando.
El esquema deja ver un diseño simple pero inteligente con algunos detalles de “alta tecnología” para la época más allá del uso de transistores de silicio (Hitachi y Toshiba como corresponde).

A primera vista y luego de sobreponernos a esa brisa fresca y reconfortante de lo puramente analógico y discreto vemos una sección de RF (Front-End) en FM que nos hace abrir los ojos y asentir con la cabeza. Transistor FET, circuito integrado… ¿Qué está pasando aquí?
La etapa sintonizada de antena en FM utiliza uno de los primeros transistores FET (Field Effect Transistor), más precisamente un JFET o transistor de efecto de campo de juntura tipo N, el 2SK19. Este transistor fue desarrollado por Toshiba en Japón. Durante el auge de la electrónica japonesa, Toshiba se especializó en crear semiconductores que superaban a sus contrapartes occidentales en términos de bajo ruido. Su excepcional capacidad para manejar señales débiles sin añadir el clásico ruido blanco lo hizo convertirse en un estándar para la electrónica de VHF de los 70 y 80. Nada podía ser mejor que esto a fines de los 60.
Pero si seguimos mirando en esa línea vemos un circuito integrado ¡en los años 60! Nuevamente, estamos frente al abuelo de los circuitos integrados, la semilla original que inició todo. Si el 2SK19 es un clásico de los componentes discretos, el uA703 (o CS5995 aunque con reservas) es una verdadera reliquia de los inicios de la era de los circuitos integrados. Fue uno de los primeros “chips” diseñados específicamente para aplicaciones de radiofrecuencia (RF) y frecuencia intermedia (FI). El uA703 fue lanzado por Fairchild Semiconductor a mediados de la década de los 60 (alrededor de 1966). En esa época, los ingenieros estaban tratando de demostrar que los circuitos integrados no eran solo para computadoras militares, sino que también podían revolucionar el consumo masivo, como las radios y televisores.


Menos llamativo pero fascinante también es la cantidad de diodos de germanio que utiliza el diseño. Desde Da1 a Da12 son diodos 1N60 y se usan para las etapas de detección y AGC. Este diodo de germanio, al tener una caída de tensión mucho más baja que los de silicio (0.25V frente a los 0.65V) comienzan a conducir mucho antes, con lo cual mejora la linealidad y permite recuperar señales más débiles sobre todo en FM, mejorando la fidelidad.
Y siguiendo el escaneo del circuito llega el momento de hacer una confesión, es la primera vez que veo un decodificador MPX completamente realizado con transistores, sin circuitos integrados. Y es que por lo general siempre veremos esta etapa realizada en torno a un IC dedicado para la función o a lo sumo una combinación de algunos menos específicos. Por lo tanto, aunque no deja de ser una “rareza de museo” queda demostrado que el ingenio permite dar soluciones eficientes aun con tecnología insipiente. Con solo 4 transistores 2SC458, el estándar de oro para el bajo ruido de la época, se logra un eficaz decodificador MPX.
En cuanto a los trabajos realizados sobre este equipo he de decir que en su mayoría fueron cosméticos ya que la electrónica funcionaba perfectamente más allá de algunos pequeños problemas detectados. Daniel me había regalado dos ejemplares de KT-1000 para que uno funcionara como donante, algo que, aunque parezca una salvajada varias veces he hecho ya que de lo contrario es imposible recuperar algunas partes. Para mi sorpresa, ambos equipos funcionaban perfectamente, aunque uno de ellos tenía una placa preamplificadora extra que no era de mi agrado por salirse de lo original. Por otro lado, el que más original estaba tenía completamente borrada la serigrafía del dial.





Una buena limpieza a conciencia es importante no solo para dejar todo visualmente aceptable sino también que es una excelente oportunidad para verificar tanto daños como ubicación de componentes críticos y su posible reemplazo. Y así fue, un pequeño capacitor de poliéster conectado como supresor de ruido en la línea de alimentación (C7) estaba destruido.


Lubricar el mecanismo del dial puede parecer una obligación en esta etapa, pero hay que tener mucho cuidado con ello, no se trata de un sistema mecánico pesado que requiera aceite para funcionar, más bien es un delicado conjunto con poleas e hilos de nylon que cualquier contacto con un lubricante que no sea para la función específica traerá más daños que beneficios. En mi opinión, con una buena limpieza no hace falta más.

La creencia popular también dice que “deberíamos” cambiar todos los capacitores electrolíticos y no es que esté en desacuerdo con ello, sino que trato de no ser un fundamentalista con el concepto y cambiar solo lo que criteriosamente sea necesario. Cambiar capacitores intempestivamente sin un análisis previo del estado del equipo y peor aún, asumiendo que todos los problemas se resolverán mágicamente, me parece, como mínimo, poco inteligente. Algunos lo justifican “de forma preventiva” ¿preventiva de qué?, lo que funciona no se toca a menos que esté evidentemente próximo a fallar. Tengamos en cuenta que cambiar un capacitor que anda por uno nuevo no hará que el circuito funcione mejor y, al menos en mi opinión, podremos cambiarlo si en algún momento evidencia fallos más adelante.
Algunos inclusive van un paso más allá y cambian los transistores de germanio en forma preventiva por su supuesta tendencia a aumentar la corriente de fuga…bueno, ya se imaginan mi respuesta.
Reflexiones al margen, luego de verificar todos los electrolíticos decidí reemplazar los dos de la fuente ya que son los que evidenciaban mayor desviación, sin embargo, no utilicé capacitores nuevos, el equipo donante tenía esos capacitores en mejor estado así que fueron el sustituto perfecto para mantener la estética original.
Finalmente, armar todo, limpiar los detalles y probar. Y aunque la recepción es buena y todo funciona, noté un ligero desajuste en el enganche del decodificador MPX que se solucionó apenas tocando uno de los trimeres de polarización, es probable que este desajuste lo haya generado yo mismo durante la limpieza.
En AM también había un pequeño desajuste de la frecuencia del oscilador, nada complejo, tocar apenas el trimer del oscilador y listo.


Conclusiones:
El Kenwood KT-1000 de 1968, a diferencia de los sintonizadores de los 80, que buscaban una precisión clínica, tiene un sonido sedoso y con cuerpo. Es excelente para escuchar locutores de radio con voces profundas o jazz, ya que la sección de audio de salida utiliza componentes que todavía buscaban imitar la calidez de las válvulas, pero con la fiabilidad de los transistores. Tiene un sonido cálido que contrasta con la frialdad de equipos más modernos.
Su construcción y grado de detalle tienen el ADN de la industria japonesa de mediados del siglo XX y que se convirtió en la firma característica de todo el audio de alta fidelidad que vendría unos años después.
El tacto de sus perillas, así como el de sus interruptores genera una positiva nostalgia. Girar la perilla del dial, con su voluminoso volante de inercia, nos transmite una sensación de construcción sólida y precisa. Del mismo modo, las llaves e interruptores tienen ese “clic” mecánico seco que ya no existe en la electrónica moderna.
Muchos audiófilos recordarán tanto los sintonizadores como algún tape (reproductor de cintas casetes) de los 80 con excelentes prestaciones y que sin mucha reparación siguen andando hoy día. Pero también hay que decir que lo que solía decepcionar en el sistema de audio de Kenwood era precisamente el último tramo de la cadena, sus parlantes y conjuntos acústicos.
Pero por sobre todas las cosas, el Kenwood KT-1000, es la clara prueba de que no hacen falta costosos y complicados circuitos integrados, ni electrónica digital, para hacer algo que funcione bien y colme nuestros sentidos, muchas veces nos olvidamos que el ingenio, la dedicación y la pasión pueden lograr resultados de excelencia para la época y sorprendentes aun hoy cuando nuestras referencias pasan por el audio MP3 transmitido por bluetooth.










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