Una historia que a nadie le interesa

Nací en Olavarría, pero la mayor parte de mi infancia la pasé en un pueblo distante unos 15km, Sierras Bayas. Para ponerlo en contexto, en los 80, la mayoría de los pueblos del interior no tenían cable, la TV llegaba desde la capital cuando las condiciones meteorológicas lo permitían, radios en FM solo había una que transmitía desde Olavarría desde las 18 a las 0 horas, pero que no era más que un programa de música funcional, así que la única posibilidad que se tenía para conocer la realidad del mundo (que parecía tan lejano) era la radio en AM.

Acceso a Sierras Bayas, partido de Olavarría, a 350km de Buenos Aires
Terminal de ómnibus de Sierras Bayas
Monumento al trabajador del cemento de Sierras Bayas

A los 13 años comencé a estudiar en la escuela técnica de Olavarría, electromecánica, lo más parecido a lo que me gustaba y se podía estudiar en la zona. Pero fuera de eso, mi pasión era la electrónica así que aprovechaba cualquier oportunidad para conocer gente que me enseñara algo más o comprar libros por mi cuenta para aprender del tema. A los 14 años, para juntar plata para las salidas del fin de semana, me dedicaba a reparar radios y equipos de audio en el pueblo y a los 15, Omar, un chileno autodidacta que tenía el único service de radio y TV me dio empleo durante el verano para desarmar equipos viejos y recuperar sus componentes. Siempre le estaré agradecido por ello.

Para los 19, luego de recibirme de técnico, tenía en claro que quería ser ingeniero en electrónica. Todas las posibilidades estaban al menos a 300km de Sierras Bayas y con una madre maestra y un padre empleado en una fábrica que a principio de los 90 estaba a punto de cerrar no fue una etapa fácil, pero en el 92 empecé a estudiar en Mar del plata.

En la puerta de la facultad de ingeniería de la UNMDP, año 1992, Agustín, Darío y yo

Un día, en el centro de estudiantes de la facultad, donde todos íbamos a buscar las fotocopias para estudiar, vi que había una radio hecha a partir de un gabinete de radio antigua al que le habían sacado el chasis y le habían puesto una radio moderna, de modo muy desprolijo pero muy llamativo, al menos para mí.

Cuando llegó el verano y volví a la casa de mis viejos le encargué a mi abuelo si me podía conseguir una radio “de esas viejas” a válvulas. Me había quedado la idea de hacer algo mejor que lo que había visto en el centro de estudiantes. Mi abuelo me trajo un gabinete, y solo eso, de una radio Serna, que no era tan lindo como la capilla que él tenía (y no me quería regalar) pero que me servía para lo que yo quería. Esa fue mi primera radio. Un receptor completo con AM y FM.

Primera radio realizada de un gabinete Serna
Interior de la radio Serna

La época de la facultad fue rápida pero intensa. Encontré todo lo que realmente soñaba de chico, obtuve las herramientas que necesitaba para moverme con soltura en el mundo de la electrónica. Para el año 97 obtuve mi título y la suerte o el destino hizo que volviera a Olavarría a trabajar en otra empresa cementera.

22 de agosto de 1997, antes de rendir mi tesis junto a mi viejo

Y aunque siempre me pareció que el trabajo en la industria local era monótono y poco innovador, quizás en suerte, la empresa para la que trabajo tiene un área de inversiones en las que pude desarrollarme en algo que también me gusta, las automatizaciones, y con ello incursionar más en la electrónica y sus procesos de producción.

Centro de innovación Schneider Electric, Niza, Francia en 2019
Planta de producción de driver de alta tensión de Schneider Electric en Beijing, China, 2019
Shanghái, China en 2019 durante la visita a la planta de Zhuzhou

Durante los primeros años de los 2000 la familia y el trabajo no me dejó mucho tiempo para lo que más me gusta, el audio y las radios, pero en el 2006 ocurre algo que me impulsa a ponerme en marcha con eso. Mi abuelo paterno, con el que tenía más afinidad técnica ya que era tornero, fallece en el 97. Para el 2006 la casa en la que vivía se vende y mi viejo vuelve con la radio capilla que él usaba y logró rescatar de las cosas que iban a la basura.

Y literalmente, la capilla era para la basura. Yo la veía hermosa, pero se ve que las polillas habían tenido el mismo gusto y la habían convertido en su hogar. Me pareció muy buena idea, a modo de homenaje, restaurarla y de paso poner a prueba mis conocimientos diseñando un receptor completo con lo mejor que estaba a mi alcance.

Radio capilla de mi abuelo ya restaurada y convertida en radio AM-FM
Durante el montaje de la radio capilla
Interior de la radio capilla

Esa radio fue el comienzo de una pasión, la de restaurar y aprender más sobre las radios. Para cuando la terminé me di cuenta que nunca había hecho nada con válvulas y tenía ganas de aprender más sobre ellas. Me fui a un remate a comprar la primera radio valvular que encontrara para poder restaurarla, pensando que todas las radios a válvulas eran parecidas.

Restaurando la primera radio a válvulas, Delvox, junto a mi hijo, año 2007

Cuando caí en cuenta de mi error, encontré un mundo enorme y fascinante en las radios valvulares, diseños, circuitos, historias y momentos de la humanidad se escondían atrás de cada aparato que veía.

Hasta que tuve que ponerme un límite, o más bien la realidad me lo impuso, no puedo recuperar y conservar todas las radios antiguas que veo. El criterio fue simple y a la vez subjetivo, solo voy a conservar las radios que tengan alguna particularidad. Puede ser que sea un aparato raro de conseguir, que perteneció a alguien en especial, que marcó algún hito en la historia, que sea resultado de una innovación, que tenga un diseño atractivo y sobresalga del resto o simplemente que tenga una historia que contar.

Hoy, la colección tiene alrededor de 50 aparatos, todos restaurados en mayor o menor grado por mí. Todos funcionando y que habitualmente uso. Pueden no parecer muchos, conozco colecciones más grandes, pero hay que tener en cuenta una cosa, las radios a válvulas suelen ser un tanto temperamentales, funcionan muy bien y resisten el paso del tiempo, pero exigen que se las usen periódicamente para mantenerse en forma y eso requiere tiempo.

Una forma que encontré de hacerme el tiempo para usar las radios luego de las obligaciones diarias es prescindir del TV. De esta forma, a la tarde o la hora de la cena, seguramente escuche alguna emisora de onda corta de alguna parte del mundo o algún programa musical. Quizás sea casualidad, pero me parece que hay alguna relación entre el estado infeliz de las personas y el consumo de TV.

El 2020 nos encerró a todos y con ello también tuvimos tiempo para replantear algunas cuestiones. Una idea que desde hacía tiempo tenía era hacer una especie de museo, pero no un clásico museo donde se vean las radios y nada más, sino un lugar de encuentro, donde se pueda charlar, de forma distendida y contar historias, con las radios de fondo y quizás motivando la charla, compartiendo un café. Aun no termino de cerrar esa idea para materializarla, pero en 2021 quise dar un paso en esa dirección, y ya que lo virtual es la regla hoy en día, me di a la tarea de crear Vintaradio.com

El objetivo era simple, poder contar la historia detrás de cada una de las radios que tengo en la colección, ayudar a quien quiera restaurar su radio, conocer gente que tenga el mismo interés, aprender más del tema, dar a conocer historias para que no se pierdan en el tiempo, mostrar lo que me gusta hacer.

Bueno, si llegaste a leer hasta acá es probable que seas un soñador como yo, una persona que le pone pasión a lo que hace, así que sentite en plena confianza para contactarme y continuemos charlando.

Lucas Lopardo

Enlaces:

Más sobre Sierras Bayas

https://es.wikipedia.org/wiki/Sierras_Bayas

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  1. Muchas gracias por tu comentario, saludos

  2. Me encantó el sitio y particularmente tu autobiografía, por llamarla de alguna manera. Muchas felicitaciones por tus logros profesionales y también, por supuesto, por tus restauraciones. Soy apenas aficionado a la electrónica antigua y en el foro te dejé una pregunta. Gracias por todo. Carlos.

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